lunes, 12 de abril de 2010
De cuando escribía sus pensamientos
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Etiquetas: clima, ecosistema, escribir, muerte, pensamientos
jueves, 1 de abril de 2010
La teoría de la infelicidad
Una renombrada autora, de aquellas que son citadas innumerables veces en los medios, de las que son grandes por algo más bien pequeño, dividió a la humanidad completa en dos. Dijo que por un lado estaban las personas con iniciativa propia para enfrentarse a la infelicidad y que por otro lado estaban quienes carecían de esta habilidad. Pues bien, por sorpresa de algunos, hay quien toma esa división por ley de vida, levanta el dedo índice con gesto educativo y proclama dicho enunciado como íntegramente verídico.
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Etiquetas: infelicidad, teoría, tranvía
sábado, 20 de marzo de 2010
De la hormiga y la araña
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lunes, 8 de marzo de 2010
Del cuento para niños adultos
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Etiquetas: cuento, gaudí, niños adultos, viaje
martes, 2 de febrero de 2010
Las vías
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Etiquetas: vías
jueves, 28 de enero de 2010
Cuando Avelino vino a visitarle
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Etiquetas: amigos, Avelino, pensamientos, visita
domingo, 17 de enero de 2010
De cuando nevó
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lunes, 7 de diciembre de 2009
Los Onandi
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Etiquetas: amigos, conocidos, fotografia, fotografiar, onandi
domingo, 29 de noviembre de 2009
El certamen fotográfico
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Etiquetas: certamen, concurso, fotografía, mar, puesta de sol, quitsch
martes, 24 de noviembre de 2009
El día de después
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Etiquetas: día, espiritual, lluvia, tormenta
martes, 17 de noviembre de 2009
Cuando llueve
“Día que llueve, día que pocos salen de su casa”. Así suelen ser las personas del lugar donde habita el señor Gurmendi. Esto le motiva para salir a tomar café; un café con algo menos de leche que una manchada y ligeramente más que un café con leche. Opta entonces por un bar junto al mar, despliega una silla y pone una mesa en posición horizontal. Vierte solo medio paquete de azúcar en la taza y bebe a sorbos pequeños mientras las nubes gotean y el oleaje levanta sonidos de furor e ira. De tanto tiempo que pasa allí sentado, el café acaba estando aguado y frío, y sus pies empapados, y cada cuatro o cinco segundos cae una gota de agua bien alimentada de la punta de su nariz al suelo. Pero nada de esto le importa en absoluto, pues sabe que la felicidad no se la puede llevar el agua, pero la tristeza sí.