jueves, 1 de abril de 2010

La teoría de la infelicidad


Una renombrada autora, de aquellas que son citadas innumerables veces en los medios, de las que son grandes por algo más bien pequeño, dividió a la humanidad completa en dos. Dijo que por un lado estaban las personas con iniciativa propia para enfrentarse a la infelicidad y que por otro lado estaban quienes carecían de esta habilidad. Pues bien, por sorpresa de algunos, hay quien toma esa división por ley de vida, levanta el dedo índice con gesto educativo y proclama dicho enunciado como íntegramente verídico.
El señor Gurmendi se indigna con semejantes estupideces y entristece. Hoy, se tomó el día para hacer algún que otro trayecto en tranvía. Iba de pie y se colocaba justo al lado de la salida. Era de esperar que numerosas veces se ganaría una sonrisa de aquellas personas a quienes sujetaba la puerta cuando en el último momento venían corriendo a coger el tranvía. Sólo son cosas pequeñas, pero el señor Gurmendi es feliz.

6 interpretaciones:

Segismundo dijo...

dicen que la felicidad está en las cosas simples de la vida. No en las grandes hazañas, aquellas proezas para contar en millares de libros por la eternidad.
Y creo que de vez en cuando, aunque no sea siempre, aquellos que le devolvian la mirada, o un simple "gracias" hacen que el señor Gurmendi sienta que aunque sean pocos los agradecidos, siempre valdrá la pena aquel gesto de solidaridad que realiza en el tranvía.

saludos

Alenka dijo...

Muy buena idea!!! Haré lo mismo que Ud. Sr. Gurmendi, la próxima vez que suba a un tranvía.
¡Afortunados los seres sencillos que nos basta la luz de una sonrisa! Saludos

El señor Gurmendi dijo...

¡La siguiente vez nos subimos juntos y sorprendemos al vagón entero!

Alenka dijo...

Ja ja ja ja!!! Me parece perfecto!!!

Noelle Lpz dijo...

Que bueno señor Gurmendi, por lo menos a mi me gusta sonreirle a los extraños, me hace sentir bien, además me agrada mucho. Salu2!

Ranita Azul dijo...

¡Hola amigo!
Sí, realmente es así y no sabemos cómo no recordamos esto, cuando las cosas grandes están fuera de nuestro alcance o nos son prohibidas; si meditáramos sobre ello en lugar de perder el tiempo en intentar conseguirlas, estaríamos rodeados de respuestas de verdadero afecto que sí compensan y regalan mejores resultado.
Uno de mis hermanos que que ya no está en este mundo, saludaba a los pordioseros con mucho respeto y les invitaba con él a tomarse un café y hallaba en ello las respuestas a muchas de las cosas que desatendemos, pasamos de ellas o pensamos que nunca podrán ocurrirnos y tenemos una falsa imagen de ese mundo que parece ajeno al nuestro, pero nos permitimos juzgar de forma superficial.

Un cordial saludo. Elisa