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domingo, 29 de noviembre de 2009

El certamen fotográfico




El señor Gurmendi decidió participar en un certamen fotográfico para ver si sus imágenes tenían aceptación entre quienes decían entender del tema. Con una cámara de usar y tirar tomó una fotografía quitsch de la puesta del sol, donde se veía un degradado de colores: el cielo añil tomaba luz amarillenta y esta a su vez pronto se veía anaranjada para finalmente perderse entre el suave oleaje.


La calidad no era espectacular, ni la iluminación la ideal y si bien ningún miembro del jurado supo apreciar la idea, pocos curiosos pasaban por la sala de exposición sin ver la fotografía y sentirse, al menos, un poco invitados a soñar.

martes, 17 de noviembre de 2009

Cuando llueve

Día que llueve, día que pocos salen de su casa”. Así suelen ser las personas del lugar donde habita el señor Gurmendi. Esto le motiva para salir a tomar café; un café con algo menos de leche que una manchada y ligeramente más que un café con leche. Opta entonces por un bar junto al mar, despliega una silla y pone una mesa en posición horizontal. Vierte solo medio paquete de azúcar en la taza y bebe a sorbos pequeños mientras las nubes gotean y el oleaje levanta sonidos de furor e ira. De tanto tiempo que pasa allí sentado, el café acaba estando aguado y frío, y sus pies empapados, y cada cuatro o cinco segundos cae una gota de agua bien alimentada de la punta de su nariz al suelo. Pero nada de esto le importa en absoluto, pues sabe que la felicidad no se la puede llevar el agua, pero la tristeza sí.

martes, 10 de noviembre de 2009

De cuando iba al puerto

La zona del puerto conmocionaba al señor Gurmendi, pues había allí unos bancos de madera junto al mar de los que nadie solía hacer uso. Las gaviotas dormían allí la siesta, las nubes imitaban situaciones del día a día, el viento soplaba con constancia pero sin abundancia y el olor a pescado muerto y desechos de las actividades portuarias completaba el efecto multi-sensación que ninguna película de amor de un cine clásico o tetería exótica de la judería podría dar. El señor Gurmendi frecuentaba aquel banco, no tanto por gusto como por soledad.